Cuando tienes en tus manos una barra de jabón artesanal BON, estás sosteniendo mucho más que un simple producto de limpieza: tienes el resultado de un proceso vivo, paciente y completamente natural.

Si te has preguntado por qué nuestros jabones se sienten tan diferentes en la piel en comparación con las barras comerciales del supermercado, la respuesta está en el método de elaboración: la saponificación en frío.

Pero, ¿qué significa exactamente este término y por qué es tan especial para el cuidado de tu piel? Te lo explicamos paso a paso:

¿Qué es exactamente la saponificación?

Para entender el proceso en frío, primero hay que entender qué es la saponificación. Dicho de forma sencilla, la saponificación es la reacción química natural que ocurre cuando mezclas grasas (aceites) con un álcali (agua y soda cáustica).

Cuando estos elementos se unen en las proporciones exactas, ocurre la magia: la grasa y la lejía se transforman y dejan de ser lo que eran individualmente para convertirse en una sustancia nueva: jabón y glicerina natural.

¿Por qué "en frío"?

A diferencia de los métodos industriales —que utilizan altas temperaturas para acelerar la producción y separar los subproductos—, el método artesanal en frío no utiliza fuentes de calor externas.

Los aceites vegetales (como nuestro aceite de oliva y de coco) se mezclan con la solución alcalina a temperaturas templadas, justo las necesarias para que se fluidifiquen y comiencen a unirse de forma natural.

Este método artesanal tiene dos grandes ventajas que marcan toda la diferencia en tu piel:

1. Conserva la glicerina natural

Durante la saponificación industrial, los fabricantes suelen extraer la glicerina para venderla por separado en la industria cosmética (para cremas o lociones), dejando el jabón comercial seco. En la saponificación en frío, toda la glicerina natural que se produce se queda dentro de la barra. La glicerina es un humectante extraordinario: atrae la humedad del ambiente hacia tu piel, garantizando una hidratación profunda y evitando la tirantez o resequedad.

2. Protege los nutrientes de las plantas

Al no someter los ingredientes a cocciones o altas temperaturas, los aceites esenciales, los extractos de plantas y las propiedades de nuestros botánicos (como la caléndula, la lavanda, el romero o la manzanilla) no pierden sus propiedades. Sus principios activos se mantienen intactos y listos para actuar sobre tu piel.

La paciencia es parte de la receta

Hacer jabón en frío es un ejercicio de paciencia. Una vez que la mezcla se vierte en los moldes y toma forma, la barra entra en un periodo de curado que dura entre 4 y 6 semanas.

Durante estas semanas de reposo en un lugar fresco y seco, el proceso de saponificación termina de completarse al 100% y el exceso de agua se evapora lentamente. ¿El resultado? Una barra firme, duradera, de alta calidad y con un pH sumamente respetuoso con tu piel y la zona íntima.

Tu piel nota la diferencia

Elegir un jabón saponificado en frío es decirle adiós a los detergentes sintéticos, parabenos, espumantes artificiales y derivados del petróleo que suelen resecar y alterar la barrera natural de la piel.

Cada barra de Jabonería BON es un homenaje a los procesos tradicionales, al tiempo bien invertido y al poder de la naturaleza. Cuando te lavas con un jabón hecho en frío, tu piel no solo se limpia: se nutre, se calma y se cuida de la forma más pura posible.

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